domingo, 9 de diciembre de 2007

Lidia.





Descubrí a Lidia Tauromakis por vez primera una noche de San Valentín.
Descifrar primero su extraña belleza y luego otros aspectos que nunca pensé percibir pero que hoy ya nunca podré olvidar fue mi sino y me ha marcado para siempre.
Lidia… ¿por qué estaba tan sola? ¿Qué estaba haciendo cuando la encontré? ¿Acaso se esforzaba en hacer suya una porción de llama entre sus manos, o pretendía adivinar danzando en el fuego su incierto futuro? No lo sé, no me lo quiso explicar. Pero a la pregunta de quién la había invitado al festejo si me contestó. Sin apenas inmutarse, me dijo:
- Isabella.
Y a continuación con un destello de malicia en sus ojos me preguntó.
- También la conoces… ¿verdad?
Y yo, mintiendo, le dije.
- Sí.
En realidad no la conocía pero había oído hablar de ella y no precisamente bien. Isabella era para las mujeres de mi entorno una furcia descarada y para los hombres una ninfómana. Más tarde averiguaría que en realidad era eso mismo, pero sin exagerar.

Lidia Tauromakis se instaló en mi vida sin que me diera cuenta, en realidad sin hacer ruido. Creía tenerlo todo bajo control cuando ella ya estaba otra vez en mi coche, y volviéndose a mí me decía con una tristeza cansada:

- Joan, de verdad, te quiero…
Y yo sonreía como un hombre duro, como el hombre duro que era y le preguntaba.
-¿De verdad lo crees?
Y ella me contestaba.
- Vamos. Si lo sabes. ¡Para qué lo preguntas!

Empecé a salir con ella. Iba a recogerla por las tardes a su piso de Alcorcón… ciudad de aparente limpieza que apenas deja entrever la tragedia de las almas que duermen allí. Sí, algo me extraña y no me gustaba y me sigue sin gustar de ese lugar. La esperaba a la puerta, ella nunca me dejó entrar en el piso, y menos, claro está, en su habitación. La llevaba al cine.
Mientras íbamos de camino me acariciaba en la nuca y luego, durante la sesión, se recostaba a mi lado. Después cenábamos, casi siempre en silencio, porque ella hablaba poco, al menos conmigo, con cualquiera no lo sé. Era una mujer silenciosa, pero tenía una bonita voz y me quería o al menos yo así lo sentía y con eso me bastaba y además, cuando llegaba la hora del amor no había nadie más sobre la tierra.

Una vez quise presentarla en sociedad, la invité a una fiesta que organizaba un amigo, se negó a ir y tuve que ir yo solo. Luego pretendí llevarla a bailar a un local con otros amigos, tampoco estuvo dispuesta. En cambio accedió gustosa a dar un paseo conmigo a las tres de la madrugada por el monte que linda con el chalé de unos parientes lejanos con los que mantenía cierta relación. Eso, lo recuerdo bien, sí le encantó.
Lidia Tauromakis podría parecer una mujer rara por algunos motivos. El primero y el que más la estigmatizaba era su oscuro pasado familiar, colmado de parientes con muertes prematuras e incluso violentas y de las cuales no era proclive a hablar. El segundo, que sólo accediera a salir por las noches, ya que de día trabajaba en un oficio al que tampoco quiso referirse. Estaba claro, yo tampoco deseé forzarla nunca a decir lo que no era de su agrado, a fin de cuentas, qué me importaba su trabajo si lo primero era – me repetía a mí mismo – su amor. Y resultó ser cierto. Pues para mí sólo era una mujer hermosa, pero eso sí, la mujer más bonita del mundo.

Mucho tiempo llevó Lidia Tauromakis una cadena con una inscripción grabada en oro con su nombre que yo le regalé. Y hoy ya no podré olvidar el inmenso placer que alcancé a través de ella y si fue así, el que ella logró extraer de mí. Primero, aquellas noches en que me obligaba a conducir más de setenta kilómetros hasta el monte, para desde allí caminar entre las rocas y la oscuridad hasta alcanzar la casa. Y cuando llegábamos, hacerlo con ansiedad entre las cuatro paredes de aquel diminuto santuario que yo ¿le descubrí? ¿Fue así? No lo sé. Aunque jamás he vuelto allí. Como tampoco nunca he vuelto a intuir o siquiera desvelar tanto placer en una mujer. Sus convulsiones eran mis orgasmos, sus llantos los míos y sus suspiros los de ambos. Estábamos allí, solos en la oscuridad, en aquel lugar ajeno y sombrío y sin embargo yo no me sentía con miedo sino en mi hogar. ¿Cómo era así? Sin duda porque estaba con ella, pues lo demás me importaba bien poco.
Luego, al amanecer, volvíamos en silencio. Yo manejaba cansado pero feliz, mi brazo derecho firme sobre la palanca de cambios, hasta que sentía el calor de su mano sobre la mía. Entonces ella encendía el casete, ponía una cinta que siempre llevaba consigo y con dulzura empezaba a entonar sus hermosas melodías de amor.

La dejaba junto a su portal y se iba sin volverse a mirar, y con haberlo hecho una vez me hubiera dado por satisfecho. Sin embargo siempre era igual, al separarme sentía el mismo dolor. En cuanto a ella ¿no imaginaba el daño que me hacía? ¿No sufría igual que yo? Aún así, creo que en cierto modo me amó como era capaz de hacerlo con un hombre.

Pero hasta las cosas buenas se tuercen de forma inverosímil y lo que yo no pude aceptar fue que se negara en redondo a dejarme una foto; una sencilla foto de carné para guardarla como recuerdo, tenerla en mi cartera y llevarla siempre conmigo. Ciertamente me duele que una cosa que comenzó siendo un juego de niños se convirtiera en un escollo insuperable.
Una noche reñimos y ella, haciendo uso de una indiferencia que manifestaba como solo ella sabía, acabó por dejarme tirado. Tirado y perdidamente enamorado, y desapareció de mi vida.

Monté guardia frente a su portal pero acababa agotado. Me dormía y nunca la veía salir. Así que pasados unos meses deduje que ella ya no vivía allí; me rendí y la dejé de asediar para siempre.
Yo la dejé… pero en cambio ella no hizo lo mismo. Se instaló en mi mente con tal intensidad que por las noches continuaba viéndola en sueños y me despertaba sudando y añorándola. Vagaba por los parques sin dejar de pensar en ella, traté de volver al trabajo en la redacción cuando mi mente solo giraba en torno a ella. Pero no estaba del todo anulado y continué teniendo capacidad de escribir, aunque sí limitado, pues era capaz de redactar cien artículos, mil artículos, pero todos de ella.
En fin, para qué pensar, obsesionarse o lamentarse, si ya no estaba. Se había marchado hacía más de un año y yo seguía teniéndola presente, cuando me había dejado sin nada a lo que agarrarme. Sus pertenencias, sus cachivaches, no eran muchos, lo sé, todo se lo llevó... Y sobre todo se llevó nuestro amor y ahora ya no tenía nada para recordarla sino un espacio en blanco de aire que cada vez se enrarecía más en mi memoria.

Sucedió bastantes años después. Estaba en Italia. Disfrutaba de un viaje de placer por Venecia con mi novia actual. Sí, me había rehecho y mi vida al fin parecía haber recobrado la normalidad perdida. La tarde que la vi estábamos ambos sobre uno de sus oblicuos puentes, recreándonos con el bello espectáculo de las barcazas y góndolas al atravesarlo, y a lo lejos, las cúpulas de San Marcos difuminándose contra el gris de unos turbios aunque mágicos nubarrones que presagiaban tormenta.
Ella no pudo reconocerme, pues en ese momento tenía el objetivo de la cámara cubriendo mi rostro. Iba acompañada por la tal Isabella, las dos solas en una góndola, una frente a la otra, sin hablarse ni mirarse y sin prestar atención a la belleza que las rodeaba porque ellas también eran esa belleza.
Lo hice siendo consciente y a la vez sin darme cuenta. Disparé primero cinco veces, luego seguí, diez, quince veinte fotos o más. Hasta que advertí la voz de Minerva apremiándome molesta. Le dije que me encantaba la panorámica y ella con cierta ironía me respondió.

-¿Cuál? ¿La de las dos hermosuras que acaban de pasar…?

La interrumpí exasperado con su bien intencionado acierto. Claro, ni ella misma podría imaginarse que acababa de emplear casi un carrete en aquellas dos mujeres, y le dije.
-No. La Basílica de San Marcos, las casas y el canal. Aquí todo es precioso y tan perfecto…

De vuelta, revelé en mi casa las fotos y jamás podré creerlo, y si lo creo es porque todavía las guardo para volver a verlas y cuando las veo… ¡allí sigue la góndola, el canal y todo lo demás! y si digo todo lo demás me refiero a ¡todo! comprenden, excepto a ellas… porque ellas son las que no están… Ya que en el lugar donde debieran estar solo hay dos sombras de trazos imprecisos y deformes…



José Fernández del Vallado. Escrito en Enero 2005/Arreglos: Diciembre 2007.

21 comentarios:

Vivianne dijo...

Guauuuu!!!que bien narrado,con un estilo pulcro, detallado y minucioso, los designios del amor son muy misteriosos a veces, en este relato lo dejas entrever ciertamente, maravilloso, besos!!!

istharb dijo...

Gracias por tú visita, y gracias tambien por tú comentario

Bonito post, muy bonito

MARISA dijo...

Me gustó el blog, gracias por tu visita, te iré leyendo y comentando, me gusta ver gente nueva que andurrea por los blogs, es una buena forma de que te lea más gente, yo también te espero. saludos

modes amestoy dijo...

un buen relato con un final acorde.
Un abrazo

Tork dijo...

Si, es bueno, buena narración y muy bien descrito o detallado, lo malo que a muchos nos cabe el poncho sobre esta historia y es un poco desagradable volver a recordar algunos pasajes.
Seguire visitando tu blog me gustó.
Un saludo desde la distancia.

MAYA dijo...

Me atrapaste, tu prosa es muy buena. La narración tiene un ritmo que no decae en absoluto y el final, no lo esperaba. Eran seres de la noche? Seres enigmáticos que sólo se dejan ver en los exactos momentos en que compartimos con ellos? O fue tan grandiosa la belleza del paisaje que se mimetizo con ellas y las absorvió? Me pregunto estas cosas, porque el relato me cautivo. Y si creo que pasé, no lo dudo.

Un beso y fue espectacular pasar por tu espacio.

Maya

Nany dijo...

Me hiciste recordar esas historias de nuestros pueblos, de mujeres que aparecen y desaparecen para al final saber que solo, no estaban...
Saludos!

Consciencia dijo...

Que bello relato, me cautivo.....gracias por su visita y volvere para leer tus relatos. Serian angeles o seres de una bella leyenda?

Trini dijo...

No sabes como me alegro de que me dejaras en el blog la dirección de esta tuya que no conocía.

He disfrutado leyendo este relato tan bien escrito y que me ha enganchado de principio a fin. Ha sido un placer leerlo. Te felicito

Un abrazo

La Co dijo...

Me fascinó.
Muy bueno literatura.
Preciosa.
Genera placer leerte.

angélica beatriz dijo...

Hola mi querido Amigo.

Te vengo a escuchar. Tu voz me gusta, tus letras reflejan el color de tu alma, y eso es lo que importa.

Gracias. Vendré seguido a acompañarte.

Un beso muy grande para ti.

Ondina dijo...

Me encanta ! Tiene fuerza y sensibilidad,es una prosa poética muy hermosa.
Un gusto haberte encontrado,o mejor dicho que de alguna manera tú me encontrases a mí y así abrir la puerta que nos comunica.
Seguiré visitándote.

Un abrazo

DudaDesnuda dijo...

También me enamoré de un fantasma. Amor inolvidable. No he vuelto a verlo pero, si lo hiciera, estoy segura que tampoco aparecerá en una foto.

Besos y nostalgias.

Neres dijo...

Linda historia que espero no tener un día, jeje, que se me ponen los pelillos de punta. Y más en mi tierra que es de leyendas y cuentos de cada calle y plaza. Todos tenemos nuestro fantasma personal, que acompaña o asusta, el mío acompaña también en fotos, de esas personas de no vienen borrosas, pero de las cuales solo en imágenes quedan.

Gracias por la invitación, un abrazo.

Claudia dijo...

Muy bueno...El apellido de la éterea Lidia es genial.

yoymimismo dijo...

Excelente cuento corto....Te felicito, manejas muy bien los tiempos y el suspenso...

Avanza en tu magia...

Paz,

Isaac

mos dijo...

Se nota Moderato que tienes tablas a la hora de escribir. Me ha gustado este misterioso relato que en ningún momento decae. Muy bien escrito, ortográficamente hablando, y con buen ritmo. Entiendo que la "femme fatale" es un espíritu que te arrasra y te llega a anular. Podría incluso ser la misma muerte en busca de incautos que caigan en sus redes.
El misterio queda en el aire. A cada lector le sugerirá una conclusión diferente.
Saludos de Mos.

alejandrapiam dijo...

Y después de tu visita, aquí estoy.
De visita en tu blog.
Leyendo tu cuento. Está bueno. Mantiene la atención. Importante.
Ya leeré los anteriores.
Un abrazo.
Un gusto conocerte.
alejandra

moderato_josef dijo...

Gracias a todos, en nombre de Cúspide, los que con vuestra lectura hacéis posible que este blog siga a delante. Sólo espero que al leer mis relatos por lo menos sintáis que algo se revuelve y despierta en el interior de vuestras mentes... Cualquier pasión es buena... tal vez...

TICTAC dijo...

Hola moderato josef!!
Cuando el amor se vuelve un recuerdo sus fantasmas regresan para jugar con nuestras mentes..

Gracias por las bellas palabras y tu visita.

Un abrazo!

AnyGlo dijo...

Una historia que atrapa desde la primera línea. Muy buena!!! Mi enhorabuena también por un final brillante. Un saludo. Any